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Viernes de Insight


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Viernes de Insight - Versión audio

 


Abril de 2014. Puerto Ordaz.

El joven y flaco Alejandro Luis se hallaba en esa época estudiando en la universidad mientras buscaba desesperadamente su verdadera identidad. No sabía exactamente quién quería ser ni qué esperaba obtener de su carrera, pero había dos cosas que sí conocía con total seguridad: amaba el fútbol sala y odiaba el ejercicio.

—¿Ir al gimnasio? —decía constantemente —¡Yo odio el gimnasio!

Y era cierto, lo odiaba. El solo pensar en volver a esa jaula repleta de máquinas de hierro diseñadas para exprimir físicamente a los seres humanos le provocaba ligeros ataques de ansiedad.

Ya le había dado una oportunidad y había fracasado. Eso quería decir que «el gimnasio no era para él», ¿No es cierto?

Tenía que serlo, porque eso era lo que se repetía una y otra vez como excusa... Perdón, motivo, para no hacer ejercicio.
 

El único problema era que, por más que lo odiara, en el fondo sabía que lo necesitaba. 


La criptonita del joven Alex era su delgado cuerpo, que le había generado profundos problemas de autoestima y un trastorno de personalidad que lo perseguiría por años.

Podía evitarlo, pero al mismo tiempo estaba convencido de que la clave para resolver su problema se encontraba más cerca de las mancuernas y barras olímpicas que de las fiestas que frecuentaba para escapar de sus preocupaciones.

No fue fácil, pero lo consiguió.

Un buen día uno de sus compañeros de departamento le propuso la idea de inscribirse en un gimnasio cercano a casa y, para variar, aceptó la invitación.

Tras ocho meses sin ver resultados, se topó finalmente con un video de YouTube que le abrió los ojos y le permitió encaminarse hacia conseguir los kilos que por tanto tiempo había buscado.

El que persevera alcanza, como dice el dicho.

Hoy en día Alex sigue siendo delgado pero ya no sufre por su aspecto. Hace ejercicio entre tres y cuatro veces a la semana y se cansa de decir que «es lo que lo ha convertido en la persona que es hoy».

Si su historia no es la de alguien «especial» que amaba el gimnasio desde el día en qué nació, ¿Cómo fue que se convirtió en alguien «fitness»?

La Reflexión de la Semana: por qué c*ño es tan difícil hacer ejercicio


Luego de esta historia contada en tercera persona puedo asegurarte que hay algo que casi todos los humanos compartimos: amamos descansar.

Nuestro organismo es el mismo que tenían nuestros antepasados de hace 50.000 años (o incluso antes) y en esa época las cosas no eran como lo son ahora. De hecho, no tenían nada que ver.

(Nota: esta primera parte del artículo está basada en la teoría de la evolución. Si eres creyente del creacionismo, puedes saltártela).

Nuestros tatara tatara tatara... Tatarabuelos, quienes no sabían lo que era una nevera ni la Coca-Cola, dedicaban prácticamente toda su energía a conseguir alimento y refugio para ellos y sus tribus.

Las calorías eran lo más preciado para cualquier persona con dos dedos de frente porque si no tenían suficientes, morían. Esto quiere decir que todos aquellos que gastaban más energía de la necesaria murieron sin dejar descendencia y como resultado, todos los que vivimos en la era actual somos descendientes de aquellos que no movían ni un dedo a menos que fuera necesario.


En otras palabras: somos los nietos de los humanos más flojos de la antigüedad.


Claramente esto es una exageración. Existen pruebas de que los humanos antiguos también jugaban, creaban arte y peleaban por estupideces, lo que quiere decir que sí utilizaban parte de su energía para cosas que no eran estrictamente necesarias.

Aun así, es más que probable que muy pocos de nuestros antepasados se reunieran a hacer sentadillas en la sabana o flexiones de pecho antes de salir a cazar. Con todo el esfuerzo físico que hacían para matar animales y recolectar otros alimentos, una sesión de cardio en ayunas sería tan extraña como innecesaria.

Esta costumbre de ahorrar energía se mantuvo en nuestra especie por cientos de miles de años, y aunque hoy en día ha quedado obsoleta, está tan arraigada en nuestra genética que pasar de «flojos» a «fitness» puede ser de las tareas más complicadas a las que una persona puede enfrentarse.

Esto se ve reflejado en la encuesta que hicieron los lectores de Viernes de Insight, donde más del 80% de los votantes aseguraron que su racha actual de tiempo haciendo ejercicio no supera los 12 meses.
Menos del 20% ha podido mantener el hábito por más de un año, y siendo honestos, las probabilidades de que ese 18,8 por ciento lo abandone pronto son bastante altas.
 

Pero aún así, amamos el ejercicio


Otro dato curioso acerca de la conducta humana es que por lo general nos quedamos con lo que nos hace daño y nos cuesta mantener lo que nos hace bien. 

Es fácil fumar y difícil meditar. Es fácil quedarte con el que te monta cachos y difícil agarrarle cariño al que de verdad te quiere. Es fácil desperdiciar una hora viendo memes y difícil invertir la misma hora estudiando algo importante.

Lo mismo pasa con el ejercicio: el hecho de que sea tan difícil habla de lo bueno que es para nosotros.

Así como los lectores de VdI aceptaron que no son constantes con el ejercicio, la gran mayoría (más del 80%) dijo que lo ama o al menos le gusta.
El 31,3% de los lectores de Viernes de Insight aseguran que les gusta el ejercicio pero nunca lo hacen mientras que un 50% indicó que «lo ama». 

¿Y si pudiéramos obtener los beneficios del ejercicio pero sin hacer ejercicio?


Lo más loco es que, aunque no lo hagamos, sabemos muy bien que deberíamos hacerlo. Puede que encontremos excusas para evitarlo y hagamos todo lo posible por dejarlo «para el lunes», pero aun así, en el fondo de nuestro corazón entendemos que mover el esqueleto y los músculos que lo acompañan es parte de nuestra naturaleza.
Como pueden ver, tres de cada cuatro votantes se negaron a la opción de comprar una pastilla que les diera los beneficios del ejercicio sin tener que moverse de sus camas porque entienden que «parte del premio es ganárselo».

Aquí «entre nos», yo creo que parte de esas personas se lo pensarían dos veces si de verdad tuvieran la oportunidad de comprar la mágica pastilla, pero a falta de pruebas, creeré en lo que dicen y aprovecharé para felicitarles por su buen criterio al responder esta pregunta.
Así que en conclusión, el principal motivo por el que es tan difícil hacer ejercicio es porque tenemos un organismo totalmente desactualizado para la época en la que vivimos, y a menos que la ingeniería biológica progrese drásticamente en los próximos años y consiga manipular nuestro cerebro para que aprendamos a amar el gimnasio por naturaleza (cosa que podría suceder incluso durante nuestro tiempo de vida), seguiremos teniendo problemas para iniciarnos en este poderoso y necesario hábito.

Por otro lado, no todo es color gris: saber el motivo de nuestro «odio» hacia el ejercicio podría abrirnos las puertas a comprender de dónde vienen nuestros problemas para incorporarlo en nuestras vidas. Eso podría marcar toda la diferencia a la hora de retomarlo y mantenernos constantes.

Además, los lectores habituales de Viernes de Insight ya saben que lo más importante a la hora de adquirir un hábito es superar el Período de Adaptación (PDA) y que luego de eso lo que viene es mucho más sencillo y placentero, como hablamos en el artículo El poderoso truco psicológico para adquirir todos los hábitos que siempre has querido.

Si eres una de esas personas que detestan el ejercicio con todas sus fuerzas, no te desanimes. Comprende que no es tu culpa odiarlo y que gran parte de ese odio está programado en tu genética.

Cuando aceptas esto es más fácil prepararte para retomarlo con todo y superar ese PDA cueste lo que cueste.

Si de verdad quieres mejorar tu aspecto y salud en los próximos meses, las puertas de la información y el apoyo de otras personas están abiertas con solo un par de clics en tu navegador de internet.

Comienza con poco y construye sobre eso, porque en menos de lo que piensas puedes estar en un cuerpo totalmente diferente al que tienes hoy.

«Bonus Track»: ¿Qué es lo más vergonzoso que te ha pasado haciendo ejercicio?


Para finalizar esta edición de Viernes de Insight compartiré con ustedes la última pregunta de la encuesta donde decidí preguntarle a los lectores/oyentes por sus experiencias incómodas en el gimnasio o en cualquier centro de entrenamiento.

Entre todas las respuestas hubo dos que me parecieron especialmente graciosas y fueron:

1. «Güafle post entrenamiento»
Esto me dio risa porque he estado justo en la raya decenas de veces. ¡Sé lo que se siente!

Uno se vuelve loco con esos entrenamientos de piernas y luego anda aguantando el vómito cuando terminan las series. Es horrible.

Lo peor de todo... El día después, que no puedes bajar las escaleras como una persona normal. 

Yo recuerdo una vez que entrené con Zerpa, el amigo con el que empecé el gimnasio, y otro amigo, Puko. Le dimos súper duro y nos fuimos medio muertos a nuestras casas.

Al día siguiente Zerpa y yo estábamos en la universidad y de repente Zerpa me grita muerto de la risa «¡Marico, mira a Puko bajando las escaleras!».

¡Jajajajaja! Todavía me acuerdo y me da risa. El bicho venía sufriendo por esas escaleras y bajando a velocidad de tortuga. Cada paso era un sufrimiento y nosotros nos morimos de la risa desde que lo vimos hasta que llegó a donde estábamos para decirnos «marico, quedé grave de ese entrenamiento!».

JAJAJA.

2. «Fuga de gas»
Esto es cómico, pero vamos a estar claros: ¡A todos nos ha pasado!

Me da pena admitirlo pero ya que estamos, lo voy a decir: a mí se me salieron miles de peos en el gimnasio haciendo abdominales. Era inevitable.

Claro, siempre con educación tratando de no hacerlo cuando hubiera alguien más.

Si había otras personas me aguantaba con toda mi alma para que no me pasara, pero cuando estaba solo y me relajaba un pelo... Era demasiado común.

Pienso que esto no debería ser tan vergonzoso como lo es porque estando en esa situación de máxima presión abdominal estamos en un escenario perfecto para que se escape una flatulencia (por hablar de forma más técnica).

El caso es que los peos involuntarios casi siempre dan risa y si nos pasa, tenemos que calarnos la vergüenza. No hay para donde agarrar. 
Así termina otra edición de Viernes de Insight.

Hoy no habrá encuesta porque la próxima semana tendremos una meditación guiada que haré para ustedes.

Esta estará enfocada en los beneficios científicos de la quietud y no tanto en la espiritualidad, y parte de la sesión será dedicada a contarles la historia de cómo empecé a meditar y qué beneficios ha tenido en mi vida.

Si les gustó este correo, recuerden compartirlo con sus amigos o en sus redes. Esos shares son lo que le dan vida a este newsletter y al canal de YouTube.

Sin más que decir, nos vemos la próxima semana con más insight y más diversión.

Hasta el próximo viernes.

Alex.
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