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Nos place compartir con ustedes la tercera edición de Derecho@UPR 2014. Esta revista digital aspira a servir de enlace entre la Escuela de Derecho y sus Exalumnos y Exalumnas. A través de estos pixeles compartiremos textos e imágenes de los eventos académicos y extra-curriculares más importantes acontecidos en la Escuela. Esperamos que cada uno y cada una de ustedes disfruten de Derecho@UPR.

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Vivian I. Neptune Rivera

Mensaje de la Decana

Concluimos el segundo semestre del año académico 2013-2014 con la satisfacción de haber cerrado exitosamente el ciclo de eventos en conmemoración del Centenario de la fundación de nuestra Escuela. Con el otorgamiento el 5 de mayo de 2014 del Doctorado Honoris Causa en Derecho a la Jueza Asociada del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, la Honorable Sonia Sotomayor Báez, cerramos con broche de oro los eventos que con dedicación y entusiasmo los miembros de nuestra comunidad de la Escuela de Derecho planificaron. En la graduación de la clase Lex 2014, llevada a cabo en una ceremonia especial en el teatro de nuestra Alma Máter el 17 de junio de 2014, reconocimos la labor de excelencia de nuestro estudiantado y a la clase que ha recibido el mayor número de distinciones académicas en la historia de nuestra  institución.

En estas páginas encontrarán reseñas de estos eventos y de los logros significativos de nuestros estudiantes y miembros de nuestra Facultad. Nuestra misión de formar abogados y abogadas comprometidos con el cambio social es cada día validada por el gran número de estudiantes que realizan trabajo pro bono y luego de graduados incorporan el servicio como referente en su quehacer profesional. Durante el próximo año académico nuestra Escuela continuará siendo el centro de discusión de temas contemporáneos en Derecho y el eje de las iniciativas de acceso a la justicia y discusión del Derecho y desarrollo económico, tan necesarios en este momento en nuestra sociedad.

Exhortamos a todos ustedes, egresados y egresadas a unirse a nuestros proyectos ya sea como mentores de los programas pro bono, como recursos en cursos de educación continua o brindando charlas puntuales en las tardes de intercambio con estudiantes que desarrollaremos durante este año. De esta manera vinculamos a los que han tenido el privilegio de obtener una educación legal de primera con los que se aprestan a iniciarse en la práctica de la profesión. Sus consejos, recomendaciones y enseñanzas, serán más que bienvenidas. 

Espero poder saludarlos en persona en nuestra Escuela y que sean parte de nuestra comunidad extendida que regresa a nuestro centro a aportar y compartir su conocimiento y experiencias con nuestro estudiantado y Facultad.

 

Vivian I. Neptune Rivera
Decana

Otorgamiento de Doctorado Honoris Causa en Derecho
a la Honorable Sonia Sotomayor Báez


MENSAJE DE LA HONORABLE SONIA SOTOMAYOR BÁEZ 

EN OCASIÓN DE LA ENTREGA DE SU 

DOCTORADO HONORIS CAUSA EN DERECHO Y CIERRE DEL CENTENARIO  

DE LA ESCUELA DE DERECHO DE LA UNIVERSIDAD DE PUERTO RICO

 

Teatro de la Universidad de Puerto Rico

5 de mayo de 2014
 

RESTORING THE PUBLIC'S TRUST IN THE JUDICIARY
 

Me van a tener que perdonar. Siento ganas de llorar. Sus palabras me han conmovido. Cuando uno tiene tanta alegría en el corazón, es difícil dar un discurso formal. Pero esta es una ocasión seria. Ustedes van a tener que sufrir cuando esté hablando sobre este tema académico. Mis disculpas, ahora comienzo.

Honorable Presidente Dr. Uroyoán Walker Ramos; Rectora, Dra. Ethel Ríos Orlandi; y Junta de Gobierno de la Universidad de Puerto Rico, es con un gran sentido de apreciación y humildad que acepto este prestigioso Doctorado Honoris Causa en Derecho. Utilizo esta oportunidad para extender mi gratitud a la Facultad de Derecho de la Universidad de Puerto Rico, tan hábilmente representada por la Decana Vivian Neptune Rivera, quien nominó a esta servidora para tan prestigioso grado doctoral. A todos los que están conmigo aquí hoy, les digo gracias por venir y por darme este gran honor.


I have had many important moments in my life; today will count among the highest. I am particularly grateful that my mother, Celina Báez Sotomayor, and her husband Omar López, y mi hermano Juan Luis Sotomayor, and other members of my family and friends are here to celebrate this day with me. It is humbling to become a part of this great University, whose 110 years of providing higher education to the people of Puerto Rico have made it a leader in the pursuit of learning and academic thinking. 

As most of you may know, I visit Puerto Rico with great frequency and my ties to the Island run very deep. In thinking about my remarks today, I thought about what I might be able to contribute to the intellectual exchange of this impressive institution and to the continuing dialogue of Puerto Ricans about their government institutions. 


For the last almost twenty-two years I have been a judge and then a Justice. I am, therefore, most familiar with the judiciary as a public institution and about how it functions. So I thought it best for my conversation with you today to be about how the judiciary and institutions of higher education can foster greater respect and trust by the public in our role as institutions of government. 

Mucho ha cambiado desde mi primera visita a Puerto Rico hace casi sesenta años. Cumplo los 60 ahora en junio. No sé adónde se fueron los años. Puerto Rico ha sido testigo de cambios extraordinarios. He mencionado anteriormente pequeños pero significativos cambios que han ocurrido, como por ejemplo, la evolución del uso de los mosquiteros y abanicos, los cuales permitían que la gente pudiera dormir más cómoda, hasta el día de hoy, donde podemos encontrar un acondicionador de aire en casi todos los hogares. Además, he notado cómo las casas de madera con los techos de zinc se han convertido en casas de cemento. 

También, he notado el cambio drástico en el volumen del tráfico; antes, solo encontrabas unos cuantos carros en la carretera y ahora siempre hay un tapón inmenso todos los días sin importar la hora. El desarrollo en la Isla no ha sido uniforme y estoy segura que algunos cuestionarán si en realidad todos los avances han servido de beneficio, como la pérdida del sonido calmante de la lluvia sobre los techos de zinc. Pero, a pesar de todo, Puerto Rico continúa avanzando gracias a las personas trabajadoras y emprendedoras de esta isla. Estoy segura de que habrá mayor progreso en su futuro. 

And like Puerto Rico, much has changed in my life. Most notably, of course, I was fortunate enough to be appointed to the Supreme Court, where I have encountered professional challenges and rewards unlike any I’ve ever experienced before. The most significant realization I have had is how burdensome it is to be a Justice. In every case, so many people are affected. Not just the lives of the parties before you, but also the futures of thousands or even millions of similarly situated persons, as well as any similar organization or institution. 

My time on the Court has reinforced the unavoidable fact that in the cases that come before the Supreme Court, there is always at least one party that loses, and their loss is one often shared by a great many others. It is only natural as a result that people feel aggrieved when the Court declines to take their side or recognize the injustice they feel has been done to them. 

These realizations have led me to reflect on the role of courts in our society and how we can best maintain the public’s trust.

You see, we cannot promise anyone a win in court. We can only promise that we will provide a fair hearing.

There is nothing more critical to the effective operation of a judicial system than public trust, by which I mean the shared confidence within a community that judges are resolving the disputes before them as correctly as possible based on the merits of each case, and not based on some illegitimate or hidden motivation. For when people do not believe that a judiciary is worthy of their trust, the entire fabric of civil society is destroyed.

A judiciary that is suspected of deciding cases based on personal preferences, political favoritism, or perhaps outright bribery, will quickly lose its ability to command respect and compliance from the public. And a public that has lost confidence in its judges may choose to take justice into its own hands.

One need look no further than the founding of the United States itself as an example: In describing the grievances that motivated the Framers to declare American independence, the Declaration of Independence lists as one of the foremost grievances the fact that King George III “made Judges dependent on his Will alone, for the tenure of their offices, and the amount and payment of salaries.” The colonists feared, in other words, that no matter how meritorious their cases might be, judges would rule against them and for the British, perhaps confiscating their personal property, taking away their jobs, or finding them guilty of crimes they did not commit. 

Regrettably, this fear is not a thing of the past. Recent studies have confirmed that in many developing countries, the public continues to lack trust in their judges. In Bangladesh, for example, a survey revealed that 63 percent of persons involved in litigation had paid bribes either to court officials or to an opponent’s lawyer, and 89 percent thought that judges were corrupt — sad statistics. Similarly, concerning numbers have been reported from countries closer to home, like the Philippines, Latvia, Nicaragua, and Bolivia. 

A lack of public trust in the judiciary is, unfortunately, not only a problem in developing nations. Even in the United States there are growing concerns that the judiciary may not be worthy of the public’s confidence. Now, fortunately, there may not be the same concerns about outright bribery and judges putting their decisions up for sale to the highest bidder. And even when instances of that kind of unacceptable behavior occur, it appears that they are detected and punished by the authorities. 

A few years ago, for example, two Pennsylvania state court judges were convicted of accepting more than $2 million in cash bribes from the builder of a private, for-profit juvenile detention facility, in exchange for imposing harsh sentences on juveniles in order to increase the number of inmates in, and thus demand for, the detention centers.

But even setting aside these more egregious examples — and we are very fortunate when they are caught and punished, because it sets a public tone of respect — there are signs that the public’s trust in the federal judicial system may be waning. To use my own court as an example, a 2001 survey reported that half of Americans had “quite a lot” of confidence in the Supreme Court; by 2013 that number had fallen to 34%.

Our task as judges, lawyers, and law schools then, is to do everything in our power to rebuild and protect the public’s trust in our judicial systems. My goal today is to explore more closely what I think may be the root causes of the public confidence problem, and then to talk about some critical ways in which all of us—judges, lawyers and educators—can make a positive impact.

Let’s start with what I believe may be the root causes of the public trust problem. I want to suggest today that there are two very different potential sources of public distrust in the judicial system.

One type of source is inevitable, as it is founded in the inherent uncertainty in the enterprise of judging. That is to say, judges are often confronted with difficult cases in which they are called upon to resolve close disputes between competing parties who both fervently believe that they have the correct view of the law and facts. Yet judges are human and therefore susceptible to mistakes. 

For example, it may be impossible to know with 100% confidence whether a doctor in a malpractice suit really performed negligently in a particular medical operation, or whether a defendant is actually guilty of a charged crime. While some of the pressure of resolving difficult factual disputes is relieved because juries are often tasked with providing ultimate answers, that does not fix the problem altogether because judges still frequently have to consider factual disputes during bench trials or during appeals. 

More importantly, the uncertainty that judges are asked to resolve is not limited to uncertainty about historical facts. A major part of judging involves deciding the meaning of complicated and sometimes ambiguous statutory terms and constitutional provisions. For instance, when trying to decide if a particular law was intended to do one thing or another, it may be truly hard to answer the question given that there may be competing reasonable interpretations of the statutory text, purpose, history, and so on. 

Sometimes legislatures inject uncertainty into statutes accidentally, perhaps because they are unable to predict ahead of time how laws will be understood in future contexts in light of technological or other developments. Other times, legislative ambiguity may be intentional, because if a law were written with greater specificity, it might not be able to win passage. 

The same kind of uncertainties exist with respect to the Constitution, which provides the broad outlines of how our society is to be governed, but cannot possibly answer with perfect clarity every conceivable dispute.

The Fourth Amendment guards against unreasonable search and seizures. I do not think our founding fathers ever imagined a smartphone, iPad or any of the technology that exists today, that is so capable of invading privacy. The challenge that arises for the judiciary is that given these uncertainties, judges are often put in something of an impossible position: They are asked to decide questions to which there are just no obvious correct answers. And the net result is that invariably courts will issue rulings that members of the public may perceive to be incorrect and thus unworthy of their confidence. 

If what I have just described as the first source of judicial distrust involves the difficulty inherent in the task of deciding between two competing, yet plausible views of the facts and the law, the second source of judicial distrust is very different. Instead of being founded in legal and factual uncertainty, the second source of distrust involves the concern that judges may not be deciding cases based on the law and facts in the first place or not doing so in a collaborative or respectful way that creates confidence that all sides of an issue are being neutrally explored. 

This is the point that we can control. In other words, the second source of public distrust is the public’s concern that judges may be beholden to some illegitimate interest, such that there is a failure of judicial independence or the existence of judicial bias. By judicial independence, I mean a concept that a University of Miami Professor named Keith Rosenn has defined as the “degree to which judges actually decide cases in accordance with their own determinations of the evidence, the law and justice, free from coercion, . . . interference, or threats of governmental authorities or private [persons].” 

When judicial independence is lacking, the problem arises that the people will no longer feel as though their cases are being decided based on what the law requires, but rather on some other impermissible consideration, whether a bribe, a political favor, a judicial bias, a public opinion poll, or some special interest. 

This is not a new concern; Alexander Hamilton identified it in 1787, when he wrote in the Federalist Papers that “[a] steady, upright and impartial administration of the laws” is essential because “no [person] can be sure that he may not be tomorrow the victim of a spirit of injustice, by which he may be the gainer today. And every [person] must now feel, that the inevitable tendency of such a spirit is to sap the foundations of public and private confidence, and to introduce instead universal distrust and distress.” 

John Marshall, perhaps the most prominent Chief Justice in the history of the United States Supreme Court, had the same view as Hamilton, observing that “the Greatest scourge an angry Heaven ever inflicted upon [a] . . . people, was an ignorant, a corrupt, or a dependent judiciary.” In other words, it is one thing to have judges who get difficult questions wrong; it is quite another to have judges who are answering questions based on improper motives, bias, or factors outside of the law and facts before them. 

Now that is what we control. And both Professor Rosenn and Chief Justice Marshall got to the core of it. What you permit today, if it is wrong today, you can suffer that wrong tomorrow. Because government changes, the thing that we want to be constant, the thing we respect, is the law. Because it outlasts political parties, it rises above the moment and treats all equally, and to the extent we do not uphold that standard we are going to do permanent damage to our institutions. 

So what can we do to address these sources of public distrust? I want to suggest two categories of answers. The first involves the way in which judges work with one another as well as the way judges relate to the public through their court interactions, courtroom demeanor, public appearances, and most important of all, written opinions. I have learned in my many years on the bench that the style and substantive approach that one takes in answering a particularly tough question can go a long way towards proving to litigants and the broader public that our decisions, although debatable, are nonetheless worthy of trust. 

The second category of suggestions that I have involves some broader institutional reforms that I think can help foster and preserve the independence of our judiciaries. 

With respect to the first category, I submit that in living up to the dignity and nobility of their profession, judges have an obligation to interact among themselves and with the public in a way that will mitigate the problems that could otherwise give rise to public distrust. 

Judges will disagree about outcomes. Those disagreements will manifest themselves among trial judges in the different conclusions they might reach in similar circumstances presented by different parties. At the appellate level, those disagreements are publicly aired in concurrences or dissents. 

As discussed previously, that is inherent in the job of judging. Quite often I am asked how Supreme Court Justices remain cordial with one another despite such profound disagreements in our opinions. Every law professor in this room knows that we are not silent about our disagreements. Our friendliness and personal warmth despite our disagreements is incredibly important, because the public notices both when we are cordial to each other outside the courtroom—and when we are not. So when Justices of different judicial philosophies socialize with one another as individuals, regardless of philosophical background, that inspires the public to believe that there is real conversation going on between us in an attempt to resolve differences. 

Although they disagree with one another often, Justices Scalia and Ginsburg go to the opera together and have socialized as families over some holidays. Justices Scalia and Kagan often disagree too, but they are frequent hunting partners. Justice Breyer, Justice Alito, and I have had dinner together at one of our homes. Some of these events are reported upon, and the public appreciates seeing them.

Everyone focuses on the Supreme Court’s divided opinions. But the reality is, we have many unanimous or nearly unanimous opinions. Last Term, for example, 49% of our cases were decided by a unanimous vote. And a total of 63% were decided with at least seven Justices in the majority. Moreover, even when we have split opinions, it is more common than you would think that Justices of different judicial approaches will join together. 

Just recently, Justices Kennedy and Alito joined a dissent I wrote. In trying to explain that unusual lineup, a blog remarked that the three of us fall into “no known ideological or jurisprudential category.” But unusual lineups happen often and it is a good thing for public trust because it reinforces that judges are acting as individuals with their own views and not for a particular group agenda. 

Many have criticized the Court for its adherence to tradition. I do not think tradition is a bad thing. It ensures that all members of the Court and the public are comfortable knowing that routines exist to make certain that Justices are acting on their own views of the law and not for improper motives. 

For example, my Court’s procedures for reviewing cases includes waiting to discuss cases until after oral argument. We do not talk about a case amongst ourselves until after oral argument. It is at that first conference, at the end of an argument week and after the parties have had a chance to present their positions, that we then discuss cases according to a specific order. These kinds of procedures help not just to create the impression of structured, orderly decision-making, but also to strengthen the independence of Justices who are able to act according to what they perceive to be the best answer after hearing all the thoughts of all other Justices. 

Obviously, we continue to talk in smaller groups sometimes, after a vote, and there are attempts to change one another’s minds. But that independent vote held at the first Conference ensures that any Justice who does change his or her mind can articulate a convincing reason for that change, and that convincing reason shows good faith.

What I mean by all of this is that how judges choose to communicate with one another and the public can make all the difference between the public realizing that our disagreement over outcomes is really just rooted in difficult legal and factual questions—the first source of public distrust I spoke about—and not rooted in impermissible motivations—the second source of public distrust. I submit to you that when judges do their jobs correctly, the public can understand disagreements based on legal uncertainty, such that public confidence in the judiciary is not compromised at all.

Are there other ways for judges to do this? The key is that judges should make clear through their actions that, insofar as their rulings may be open to reasonable dispute, such dispute is about the merits of the case, and not about unrelated political issues or other concerns. Doing this can involve simple actions such as treating litigants with dignity and respect whether in writing or in the courtroom, no matter how much a judge happens to disagree with a position that the litigant may espouse. It can involve being open to questions and criticism in the public sphere without responding harshly or defensively. We as judges are always going to be attacked. We must be above the attacks.

I ask my law clerks to bring to me any articles that discuss mistakes or things we overlooked in our decisions or that we had not considered before. It does happen. We are human. We make mistakes. I continue to listen, even after cases are decided, because new cases will come with a similar issue and you want to be sure you got it right the first time. As I’ve said, it is also important for judges and Justices to act in an inclusive way with one another, debating issues in good faith and with an open mind. We should never talk privately, we should never socialize privately with a party or lawyer involved in a case before us in any way and we should also stay away from political events and events hosted by people or groups that are involved in cases before the Court. Now, that is easier in the District of Columbia or even more easy in New York City, because both cities are so large with so many different groups. It may be harder in Puerto Rico where the community is relatively smaller. 

But there is little that can undermine a judge’s credibility more quickly than the appearance of partiality to one side of an issue. That is why I try to make sure that when I am invited to a prosecutor’s training session; I also go to a function held by defense attorneys. Similarly, I have attended events put on by opposing organizations like the Federalist Society, which advocates an original construction of our Constitution, and the American Constitution Society, which adheres to an understanding of the Constitution that develops over time. I go to both. If I accept one, I look for a second. If I am going to invite some person who may have a public position that might make me seem biases, I invite someone of the other side. I always want to be evenhanded in everything I do publicly and even privately. Evenhandedness in what we do both publicly and privately is so important to promoting public trust. 

And most importantly, when it comes to the core of our work—the written process of providing the reasoning for our decisions—our opinions should take seriously the arguments raised by all parties and any judge who has taken a contrary position. Our opinions should explain why a losing litigant’s position may be incorrect on the merits and incorrect according to precedent, in fair and evenhanded language, rather than through scathing personal attacks. And our opinions should acknowledge when questions truly are close and tough to decide. 

Being candid about situations where legal issues are just not capable of an easy or obvious answer can go a long way toward showing the public that disagreement in the courts is about the merits, and not about anything improper. For example, the Supreme Court has had a number of very controversial cases in recent terms, where the final vote is 5-4, such that critical issues are being decided by the slimmest of margins. 

When jurists disagree so closely about such important issues, it is not hard to see why the public may worry that what has driven the outcome is the Justices’ personal preferences, or political favoritism, or public opinion, or some other consideration other than what the actual right answer ought to be. Having opinions that are written in conciliatory language, and that recognize the best points made by the opposing parties, can go a long way towards showing the public that we, as judges, are just trying our best to get the answer right—and not that we are acting as part of some nakedly political agenda or with some personal bias.

My overarching point in saying all of this is to emphasize that when it comes to the two different sources of public distrust that I have identified—uncertainty about law and fact on the one hand, and concern that a judge may be deciding a case based on an impermissible motivation on the other hand—is that the public can understand and even tolerate the first type of problem if we as judges do a good job of explaining ourselves and remain consistent in our jurisprudence. But the public cannot be asked to tolerate or understand the second source of distrust. That is why our interactions with the public and our rulings must make clear how, in fact, our disagreements really are just disagreements over difficult legal issues.

Let me give an example to illustrate. Two years ago, the Supreme Court decided a landmark case holding that it violates the Fourth Amendment’s prohibition against unreasonable searches to attach a GPS tracking device to a suspect’s vehicle without a warrant. All nine members of the Court agreed on the result, but we reached it for very different reasons. 

Four Justices agreed that a warrant is required solely on the ground that the government had engaged in a physical trespass on the suspect’s property. Four of us would have analyzed the question based not on the physical trespass, but on the fact that tracking a person’s long-term movements with a GPS device violates society’s reasonable expectations of privacy. 

I found wisdom in both approaches, but wrote an opinion noting that even short-term tracking of a person’s movement by the government could infringe on our expectations of privacy. The division of the Justices was not something thought to be normal. Justice Scalia wrote the majority opinion, joined by Chief Justice Roberts and Justices Kennedy and Thomas, as well as myself. I concurred. The other side was Justice Alito, who generally goes the other way, and Justices Ginsburg, Breyer and Kagan. So you see, despite our different judicial approaches generally, it is important that in many cases we divide in ways that people do not expect. That also is a source of confidence, when we are not always voting as a bloc but when people can perceive we are trying to get the law right individually. 

All that said, even if judges do everything they can to make clear through their opinions and demeanor that their disagreements are honest disputes over the law and the facts, that alone will not convince every member of the public that impermissible motivations did not factor into the process. And that brings me to the second category of suggestions for how we may foster greater public trust in the judiciary: ways in which we can shape our institutions to encourage judicial independence, so that the public will have structural reasons to trust that decision-making is based on the right considerations. 

When talking about the issue of judicial independence, one has to begin by distinguishing between a pair of very different kinds of threats. On the one hand, as I alluded to earlier in the context of an unfortunate number of developing countries, there is the problem of outright judicial bribery, fraud, and corruption. This is obviously the most severe kind of problem, because it undermines the very integrity of the judicial system if justice is meted out to the highest bidder. 


I am afraid that there are no simple magic bullet solutions that can fix this problem, as the culture of bribery that pervades a regrettable number of judicial systems in the world is founded in a complex mixture of causes including social norms, economic inequality, and nascent legal and prosecutorial systems that may be as yet incapable of ferreting out and punishing such behavior. 


We must remember, if you pay judges too little or not enough, they may be more prone to bribery. We are fortunate enough that, for the most part, our legal systems do not suffer from this kind of outright corruption—or that when such corruption exists, it is detected and punished as in the scandal involving juvenile detentions that I mentioned earlier. So perhaps the best we can do in our own judicial systems is to model what it looks like for judges to be acting with dignity and honor, as independent and impartial arbiters of the law.

That is not to say that our judicial systems are a perfect example of independence, however. There are risks of judicial dependence in the mainland United States as in Puerto Rico as well; it is just that the source of such problems owes to a more subtle type of dilemma, which is that judges may face institutional pressures to base their decisions on less overt considerations other than the facts and law before them. I want to focus today on three specific types of these improper considerations: public opinion, political favoritism, and special interests.

The first type of institutional pressure is that judges may decide cases based not on what the law and facts require, but rather on their estimation of what will be most popular. Now in the abstract one might ask, what would be so wrong about a judge choosing to base his or her decision in a specific case on the result that a majority of the people would want? We live in a democracy, after all, and so maybe it would be a good thing to encourage judges to do what 51% of voters would prefer.

The problem with this view is that in our constitutional system, one of the paramount purposes of the judicial branch is to serve as a counter-majoritarian check, to stand up for what the law and Constitution actually require, rather than what happens to be the most popular thing at the time. One need only think about some of the most important cases in the history of the United States to see how important it is for the judiciary to perform its job independent from public opinion. 


If the Supreme Court had consulted public opinion polls before deciding Brown v. Board of Education, it is possible that it would not have ended segregation. Indeed, it is arguably popular opinion that led to some of the most criticized cases in our history, such as the Dred Scott decision, which permitted slaves to be treated as property and not citizens, and which some scholars view as a precipitating cause of the Civil War.

Recognizing that reliance on public opinion would make judges incapable of protecting the core rights that preserve our civil society, the framers of both the Federal and Puerto Rican constitutions created systems in which judges would not need to look over their shoulders for fear that an unpopular ruling would cost them their job. Thus, Article III of the U.S. Constitution provides that federal judges shall be granted life tenure, and not be subject to periodic elections that might lead them to issue decisions based on popular opinion as opposed to the proper view of the law. Article V of the Puerto Rico constitution likewise creates an appointed judiciary, with the slight modification of mandatory retirement at age 70.

In my view, the decision to make the judiciary a non-elective branch has many virtues. To see why, one need only look to the experience in certain U.S. states where judges are not appointed for fixed tenures, but instead have to be elected and re-elected through periodic popular votes or reappointed at the whim exclusively of political entities.

In the state of Alabama, for example, judges are chosen through partisan elections held every six years. The result of this procedure is that Alabama judges face an innate pressure to tailor their rulings in individual cases not only to what the particular facts and law would require, but also to what they think is likely to earn them re-election. Again, although one might argue that this responsiveness to public will may be a good thing in some respects, there are certainly significant downsides as well. 

To give an example, trial judges in Alabama are the only judges in the country that routinely override jury recommendations to sentence criminal defendants to life in prison and instead sentence them to death. This is in my view an extraordinary thing to do: Where a jury of Alabama residents has considered all of the evidence and made a considered judgment to recommend a sentence of life without parole, for one person to override that choice and impose her or his own judgment of death is to say the least a weighty choice. 

Yet because Alabama judges must face partisan re-election challenges every six years, there is substantial pressure on them to appear as “tough on crime” as possible—even if a jury disagrees. One Alabama judge, who has overridden jury verdicts to impose the death penalty on six occasions, ran several advertisements voicing his support for capital punishment as part of his re-election campaign. One of these ads boasted that the judge had presided over “some of the most heinous murder trials in our history,” and expressly named some of the defendants whom he had sentenced to death over a jury's contrary judgment. 


Another judge who had overridden a jury verdict of life in order to impose a death sentence admitted that voter reaction has “some impact, especially in high-profile cases.” “Let's face it,” the judge said, “we're human beings. I'm sure it affects some more than others.” My colleague, retired Justice Sandra Day O’Connor has taken the lead in calling on states to reform their judicial selection procedures so as to ensure that judges can make decisions based on the law and not on political expediency. 


However, political appointment has its own pluses and minuses. Political appointment can instill a sense of favoritism that can bias a judge, but there are ways in which various States in the United States and various systems in the US try to control that or try to minimize political considerations. So for example, in many places they have merit selection committees, comprised of representatives from all the major parties in that State and major groups that interact with the potential judges. That works for some institutions. There are a lot of other ways to minimize political favoritism and emphasize merit, but the point remains that one needs to think about depoliticizing the ways in which judges are appointed. Because if we do not, then it is innate in the system that the appearance of politics will take over. 

A second kind of pressure that can threaten the independence of the judiciary is the flip-side to the pressures that can be brought upon by judicial elections. For if judges are not elected, then they are invariably appointed. In the federal system and in Puerto Rico, they are appointed by the executive. The risk with political appointments, however, is that rather than being beholden to public opinion polls and future election prospects, judges may subvert their independent decision-making to the preferences of the administration that selected them.

What would be wrong with a system in which judges conform their decisions to the views of the political official or party responsible for their appointment? The answer is that such a decision making process would undermine the principle of separation of powers that is essential to our democratic system. In our system, it is the job of the political branches to create and enforce the law in accordance with public opinion. The job of judges is to interpret the law, and the fundamental rights afforded under the constitution, and to apply those principles neutrally to the facts of each case. 

If judges were instead to just do the bidding of the executive, that would place so much power in the hands of the executive that it would endanger the rights of individuals. As Alexander Hamilton explained more than two centuries ago, “There is no liberty, if the power of judging be not separated from the legislative and executive powers . . . [T]he complete independence of the courts of justice is peculiarly essential in a limited constitution.” 

That is not to say that the legislature and executive are powerless to act if they disagree with certain decisions by the judiciary, at least with respect to statutory questions. If, for example, they disagree with the judiciary’s answer on a question of statutory interpretation, they can pass new legislation to override that answer. What they must not do, however, is influence the judiciary’s decision in the first place, for the same reason that judges should not be beholden to public opinion. 

For just as public pressure can lead courts to issue erroneous rulings with far-reaching repercussions for individual rights and the development of the law, the same can be said of political pressure. One example that comes to mind is Korematsu v. United States, the 1944 decision in which the Supreme Court agreed with the government’s argument that it should be allowed to force Japanese American citizens to live in internment camps to prevent the possibility that they might conspire with Japan during World War II. 

In justifying its decision, the Court relied in large part on deference to Congress and military authorities, who argued that such drastic steps were necessary to protect the public. It is now widely understood that the case was wrongly decided, and the Department of Justice even confessed that error in 2011. But if the Supreme Court had shown a greater skepticism for the views of the political branches when deciding the case, it is possible that they would have acted properly at the time to stop the fundamental violation of individual rights before it was too late. 

A third kind of improper consideration that courts should protect against is influence from special interest groups. For just as it would be improper for a judge to make a ruling based on public opinion or political favoritism, so too would it be wrong for a judge to decide a case as a courtesy to some powerful interest group or organization. A lot of the problem with special interests can be addressed by reforming judicial elections, since one of the main ways that special interests can influence cases is by making large campaign contributions. 

Without such contributions, the influence of special interests is severely curtailed. But even appointed judges may be tempted to side with special interests in the absence of robust rules of ethics and codes of conduct forbidding judges from participating in particular cases. In fact, one of the benefits of having clear ethical rules is not only that it prevents judges from ruling on cases in which they may have vested interests, but also that it prevents the appearance of impropriety as well. 

For example, by requiring a judge to recuse herself from any matter in which he or she may be acquainted with one of the parties or own stock in one of the interested companies, not only is the judge relieved of any potential conflict of interest, but so too can the public be confident that no improper considerations are coming into play. 

It is important to recognize that these ethical rules are just floors, not ceilings. Judges themselves have to be cognizant of the appearance of impropriety. It is for this reason that, even though the Supreme Court’s ethical rules allow Justices to participate in cases that involve people they have worked with as long as the work was more than two years ago, I continue to recuse myself in cases where I have any continuing personal contact with those organizations or employers. Thus, professional pride—a desire to be a judge who is admired and emulated in the community—is important not just to the respect one earns personally, but also to the legacy that one leaves behind. And above all else, it is critical to the public’s confidence in us and our judicial institutions.

I should mention one more powerful means of protecting the actuality and appearance of judicial independence, and it is a concept that applies across the board with respect to independence from public opinion, political favoritism, and special interests. That is the concept of transparency. 

The more open and transparent a judicial system is to members of the public, the more likely the public is to have confidence that judges are deciding cases based on the proper considerations. With that in mind, the Supreme Court opens every oral argument to members of the public and the media, and releases transcripts and audio from each case as well. Now, there has been some debate recently about whether the Court should allow live cameras in as well—a debate on which I can see the arguments on both sides. But the key point is that even without public cameras we are making our proceedings open to the public through our recordings, and that allows others to judge what we are doing at oral argument. 

The more courts make themselves open to the public and open to scrutiny, the more likely the public will trust that it is engaging in a fair and evenhanded process.

Up until this point, I have spoken about the efforts that judges can undertake to build public trust in the judiciary, and ways in which institutions can be structured and reformed to do the same. But I must pause now to emphasize the absolutely essential role that lawyers and academic institutions play in tackling this problem as well. 

To start with lawyers, there are some simple ways in which lawyers can assist in the maintenance of public trust that involve practices similar to much of what I have described for judges. For example, just as I emphasized the importance of judges disagreeing with each other in a respectful way that focuses on the merits of each case rather than on unsupported allegations of bias, lawyers should do the same when they are on the losing end of a dispute. 

When a lawyer loses her case, there is an obvious temptation to blame the result on the judge and to accuse the judge of getting the case wrong for any number of reasons. But there is a huge difference from the perspective of the public when a lawyer accuses a judge of getting the case wrong due to some honest misconception about the law, and accusing a judge of some bias or personal agenda. The latter type of attack should not be made recklessly. For although the public can understand that judges make mistakes because they are, in the end, only human, the public cannot be expected to tolerate corruption or bias. A charge of bias made by a lawyer carries more weight.

But building the public’s trust in the judicial system requires lawyers and educators to do more than just serve as sources of honest information about the decisions that judges make. Lawyers and legal educators also represent the judicial system in their own right. When a lawyer provides lackluster legal assistance to a client, or even worse, steals from a client outright, such actions cannot help but to cast a pall over the entire judicial system. For as much as the public interacts with judges, they interact more on a daily basis with lawyers. That fact, in turn, creates an obligation on legal educators to serve as role models of ethical behavior and zealous advocacy. 

I do not mean to suggest that law schools have a duty to teach lawyers to know every last detail about every possible legal subject. Regrettably, law schools spend a lot of time on the substance of legal issues, and often not enough time teaching students about what it means to be a lawyer. Law schools do have an absolute duty to train their students on how to be principled and moral professionals. There is no greater duty than that, and perhaps no greater way in which educational institutions can produce a positive impact on our legal system.

Finally, lawyers and law schools should make a concerted effort to educate the public directly about the key values that undergird our legal system, the reasons for the law’s inevitable uncertainty, and the fact that these uncertainties should be cause for us not to disengage from or doubt the wisdom of our justice system, but rather to join together in efforts to improve it. When local bar associations host events about various issues in the law, they can make an effort to encourage members of the public to attend. Many bar associations often take an active role in arranging for pro bono work by experienced lawyers on behalf of those less fortunate members of our society who are in need of legal assistance. By showing these members of society that the legal system can be an instrument of justice on their behalf, such volunteer initiatives can go a long way to building public trust in the judicial system.

Lo mismo va para las escuelas de Derecho. In terms of community education, law school events and speeches make for an ideal environment for professors and other lawyers to interact with members of the community and to talk about their experiences with, and developments in, the judicial system. Another way that law schools can play a positive role in educating the public is through clinical programs whereby students get out in the community and educate citizens about their rights and the operation of the judicial system, and assist with certain frequently recurring legal issues. 

I know the Law School here has made great strides in offering clinical and other pro bono opportunities to the student body. Such programs serve a double bottom line. Not only do they make the legal system accessible to members of the public, teaching them that their judicial institutions are worth believing in, but they also train and develop young lawyers into future leaders in the profession, who recognize the value of client-oriented service and the greater good that can be served by our profession. 

I applaud the University of Puerto Rico law school as it continues to expand these kinds of opportunities for students and members of the public, as they are truly on the front-lines of the battle to build public trust in the legal system.

 

*    *    *


En los veintidós años que llevo sirviendo la judicatura federal, puedo decir con orgullo que siempre he tenido la misma meta en mente: evaluar imparcialmente los hechos y la ley presentados para poder llegar a la conclusión correcta en cada caso. Igualmente, puedo decir con orgullo que mis colegas en cada nivel de la judicatura se han enfocado en la misma meta básica. Esto no significa que hemos llegado siempre a la misma conclusión, me he encontrado en firme desacuerdo con mis colegas en algunos casos. Pero me gustaría pensar que nuestro desacuerdo refleja diferentes puntos de vista legítimos en cuanto a preguntas legales y hechos complejos.  

To the extent the public has not seen it that way and may be losing trust in the judiciary as an institution, that is a challenge to all of us to do a better job of explaining our reasoning and writing in a civil manner so as to eliminate any doubt that impermissible motivations may be playing into our decision making processes. It is a challenge that applies equally to every judge in every courtroom in the world, and I have tried to offer a few ways that judicial systems may be structured to avoid the problems associated with judicial reliance on popular opinion, political favoritism, and special interests. 

I hope that my fellow judges, both here in Puerto Rico and throughout the United States, will work together with this goal of judicial independence in mind, for it is one of the most important challenges facing our societies. And I hope everyone in this room, especially the lawyers and educators, will join in this undertaking.

Gracias nuevamente por tenerme aquí hoy y por otorgarme tan importante honor. 

Gracias a todos.

Graduación Lex 2014


MENSAJE DE GRADUACIÓN Y CIERRE DEL CENTENARIO  

DE LA ESCUELA DE DERECHO DE LA UNIVERSIDAD DE PUERTO RICO

 

Teatro de la Universidad de Puerto Rico

17 de junio de 2014

 

 Federico Hernández Denton

Juez Presidente Jubilado

Buenos Días

Me siento muy honrado con la invitación de la Decana Vivian Neptune Rivera, la Facultad de la Escuela de Derecho y de la clase graduanda del 2014 a pronunciar el discurso de la graduación en la cual concluye el Centenario de esta institución académica. Extiendo una calurosa felicitación a los graduandos que hoy culminan una etapa muy significativa en su vida académica. Por supuesto, hago partícipe de esta felicitación a sus familiares y amigos, de quienes ustedes han recibido apoyo y que han hecho posible este logro académico. Tanto la Decana Vivian Neptune Rivera como sus profesores merecen ser parte de esta felicitación.

Hoy convergen en esta actividad un conglomerado de emociones: la satisfacción que deben sentir al alcanzar este logro; el bienestar que produce haber ganado el orgullo de sus familiares; el entusiasmo que genera la aventura profesional en la cual ustedes se embarcan; y la responsabilidad que apareja conocer que una vez sean juramentados por el Tribunal Supremo, en sus manos serán colocados los derechos de otros ciudadanos. 



Aunque hoy culminan sus estudios en esta Facultad, soy consciente de que durante los próximos meses se dedicarán a los estudios del examen de reválida. En los pasados veintidós años, y hasta mi reciente jubilación hace unos meses, presidí la Junta Examinadora de Aspirantes al Ejercicio de la Abogacía. 

Quiero darles un consejo para el éxito en dicho examen. No se dejen intimidar por las historias y anécdotas que se hacen sobre ese examen, pues ya ustedes han recorrido casi todo el camino y tienen la preparación, los conocimientos y las destrezas para superar esa prueba. Concentren todo su tiempo y esfuerzos en la preparación para este examen, como lo hace un atleta para una competencia. Eso implica que, en lo posible, no se dediquen a resolver problemas de mayor envergadura durante el periodo preparatorio que pueden atenderse después que concluya el examen. Por ejemplo, no decidan contraer matrimonio o divorciarse. Tampoco establecer una nueva relación personal. No es el momento para mudarse, rebajar de peso o dejar de fumar. Aun así, les deseo mucho éxito y los mejores augurios durante los próximos meses de preparación para el examen.

I.

Por otro lado, me complace mucho ver que en esta clase más de la mitad de los graduandos son mujeres. Durante la pasada década, ha habido un incremento considerable de la mujer en la profesión de la abogacía. De hecho sé que por los últimos diez años el sexo femenino ha predominado en las juramentaciones del Tribunal Supremo. También sé que aproximadamente un 55% de la judicatura también son mujeres. Esa corrección del desbalance histórico en la composición de la Rama Judicial representa un avance social para el bien de la judicatura y del país. 

De hecho, la semana pasada juramentó como Jueza Presidenta la Honorable Jueza Liana Fiol Matta. Se trata de la segunda jueza presidenta en el Tribunal Supremo desde que yo juramenté como Juez Asociado en el 1985. Al mismo tiempo, para cubrir la vacante que ahora tiene el Tribunal, el Gobernador anunció recientemente el nombramiento de la Lcda. Maité Oronoz Rodríguez. De ser confirmada, como esperamos, el Tribunal Supremo estará compuesto por cinco hombres y cuatro mujeres. La licenciada Oronoz es graduada de esta Facultad con notas sobresalientes y luego trabajó con este servidor como oficial jurídico por dos años, por lo que puedo dar fe de su inteligencia y capacidad para ocupar el cargo de Jueza Asociada. Su nombramiento es de trascendencia histórica y traerá al Tribunal una nueva perspectiva generacional y de género. De esta manera, la composición del Tribunal Supremo refleja los cambios positivos que han ocurrido en el país. Sin duda, la judicatura y la profesión jurídica se han enriquecido con una mayor representación de la mujer en el ámbito laboral. 

Además, en el año en que concluye el Centenario de la Escuela de Derecho, esta institución también cuenta con una excelente Decana, quien a su vez es la primera mujer en ocupar esta posición de tanto prestigio e importancia en la vida académica del país, y quien también fuera mi oficial jurídico. La licenciada Neptune Rivera aceptó el reto de dirigir la Escuela de Derecho y ha ejercido el liderato que necesitaba esta facultad para mantener una educación de excelencia y afianzar la reforma curricular. En el libro Cien Años de la Escuela de Derecho, la Decana Neptune Rivera se refirió a los cambios en el rol de la mujer en el Derecho y exhortó a sus compañeros a aumentar el número de claustrales mujeres de tal forma que la Facultad de Derecho sea más representativa de la profesión. Actualmente, solo un 31% de profesores de la Facultad de Derecho son mujeres. Coincido con la Decana y estoy seguro que entre las graduandas de esta clase, habrá muchas deseosas de aceptar el reto. 

II.

Hoy ustedes inician una jornada en la profesión de la abogacía cuyo fin primordial es la búsqueda de la justicia y la protección de los derechos y principios consagrados en las constituciones de los Estados Unidos y la del Estado Libre Asociado de Puerto Rico. Ustedes constituyen parte de una nueva generación de letrados y tienen la enorme tarea de trabajar arduamente para lograr un Puerto Rico más justo y democrático.

Esa lucha por la Justicia que ahora les corresponde liderar, va a requerir de su talento, sacrificio, conciencia social; de la comunicación y cordialidad entre colegas y adversarios; de la habilidad e inteligencia en la defensa de causas y derechos, y también de la sensibilidad y compasión de la clase togada. 

Tengan siempre presente que vivimos en una sociedad cambiante, en donde ocurren transformaciones en las leyes y la jurisprudencia que rigen el Estado de Derecho. Ello hace necesario que estudien incesantemente los nuevos desarrollos en el ordenamiento jurídico y que ajusten sus conocimientos y prácticas legales a las realidades del momento, sin perder de perspectiva los postulados éticos y los principios de justicia que siempre deben guiar sus actuaciones una vez se incorporen a la profesión de la abogacía.

No podemos pasar por alto que a su generación le ha tocado vivir en tiempos difíciles, de escasez de recursos, y que la profesión jurídica no está exenta de esos retos. En tiempos de escasez económica, la cual afecta tanto al Gobierno como a los bufetes privados y a las corporaciones de servicios legales gratuitos para personas indigentes, es importante que los nuevos abogados y abogadas redoblen sus esfuerzos por mejorar el acceso a la justicia de los grupos marginados. Eso requiere que busquemos nuevos instrumentos que faciliten y amplíen el acceso a la justicia de todos los puertorriqueños y puertorriqueñas. Ante la adversidad y los retos que se avecinan, es un imperativo reformular la manera en que ejercemos nuestra profesión e impactamos a aquellos que dependen de nuestros servicios. Nos toca a todos los abogados y abogadas del país, incluyendo a la nueva generación que ustedes representan, hacer todo lo posible para reducir la brecha existente en cuanto al acceso a servicios legales adecuados para toda la ciudadanía por igual.

III.

Recientemente, un grupo de trabajo de la American Bar Association, con la encomienda de estudiar el futuro de la educación legal, rindió un importante informe sobre los cambios en la profesión legal a los cuales ustedes se enfrentarán. Dicho informe es objeto de un gran debate en las escuelas de Derecho y en la misma profesión pues cuestiona la sabiduría de continuar con el mismo modelo de educación legal que ha prevalecido en los Estados Unidos y en Puerto Rico a la luz de los costos que conlleva la misma y las oportunidades de trabajo que existen para tanto ustedes como mi propia generación. Tomo conocimiento de que todas las escuelas de Derecho de Puerto Rico han tenido una reducción preocupante en las solicitudes de admisión y que el mercado para servicios legales se ha reducido sustancialmente en los pasados años. Ante este panorama, tenemos que reexaminar el modelo de educación que prevalece en nuestras instituciones educativas, el cual muchas veces resulta en que los estudiantes se gradúen con una deuda de préstamos estudiantiles que los colocan casi en la insolvencia al iniciar su profesión. Por su parte, el Tribunal Supremo también tendrá que repensar los objetivos y el alcance de la reválida y los criterios de admisión al ejercicio de la profesión. 

Al iniciar esta evaluación, no olvidemos que la globalización y los avances tecnológicos han causados un cambio dramático en los proveedores del servicio legal. Hay que tener presente que la crisis económica de la pasada década ha causado un cambio en la visión del usuario de los servicios legales. Los potenciales clientes del abogado tienen como imperativo reducir los costos legales y procuran buscar fuentes alternas para resolver sus problemas. La disponibilidad de bibliotecas legales en línea y otros servicios similares hacen viable que el cliente sea autodidacta y se represente en múltiples asuntos legales. En los demás casos, el cliente buscará el mejor servicio legal al menor costo. Además, la globalización ha facilitado la diversidad en la profesión legal. Las fronteras que dividen las naciones no tienen gran efecto en la movilidad del abogado. En muchos sectores de la población, habrá un exceso en la oferta del servicio legal en comparación con su demanda.

El Informe del ABA expone con mucha claridad los retos que enfrenta la profesión legal y la academia en la próxima década. El mismo hace un llamado al examen riguroso y la discusión mesurada de la nueva realidad por todos los sectores de la profesión, particularmente la academia, las asociaciones de abogados y, por supuesto, los organismos rectores de la abogacía, incluyendo los tribunales supremos de los distintos estados y de Puerto Rico. 

IV.

Otro gran reto que enfrenta la nueva generación de abogados y abogadas es la desconfianza de la sociedad en sus instituciones de gobierno. La confianza del pueblo en su sistema de justicia es imprescindible en una sociedad que aspira a vivir la ley y orden. La fuerza de los dictámenes judiciales descansa precisamente en la confianza de que se ha impartido justicia de forma imparcial. La profesión legal tiene un sitial preferencial para restablecer la confianza de la ciudadanía, pues gran parte de las posiciones de liderazgo en nuestra sociedad son ocupadas por abogados y abogadas.

Estos retos de la profesión no deben ser motivo de desánimo. Todo lo contrario, deben servir para motivar la innovación, la renovación y la creatividad. El sistema de justicia debe atemperarse a los nuevos tiempos y ustedes tienen ante ustedes la oportunidad de ser agentes catalíticos de los cambios necesarios que están por venir. Como afirma el poeta, son ustedes “del pan la levadura”.

Superada la reválida, y una vez sean admitidos como abogados por el Tribunal Supremo, ustedes serán funcionarios de los tribunales, por lo cual estarán llamados a auxiliarlo en su misión de impartir justicia y mantener un orden jurídico íntegro y eficaz. Se gradúan ustedes en momentos en que la judicatura enfrenta también grandes retos fiscales que amenazan su independencia judicial. Se requerirán transformaciones sustanciales en el modo de brindar sus servicios a la ciudadanía. Comparto con ustedes mi gran preocupación con el efecto que tendrá en la Rama Judicial los recortes presupuestarios anunciados recientemente. Confío que los otros poderes constitucionales comprendan que las reducciones propuestas podrían debilitar a la judicatura en momentos en que ésta tendrá que juzgar controversias jurídicas de suma importancia para nuestra sociedad. 

Los tiempos requieren concentrar los recursos y los esfuerzos en los centros judiciales y simultáneamente proveer herramientas a la ciudadanía que promuevan el acceso a la justicia. De igual manera, hay que aprovechar esta coyuntura histórica para continuar con los planes de modernización de la Rama de tal forma que en todos los procesos judiciales se puedan presentar y notificar los documentos de manera electrónica. Durante los pasados años dedicamos muchos esfuerzos y recursos a modernizar la Rama para colocarla a la altura del Siglo XXI. Sé que la Jueza Presidenta Fiol Matta es consciente de la importancia de continuar con la modernización de la Rama Judicial. Para lograrlo, la Presidenta del Tribunal Supremo y la Administración de los Tribunales necesitarán del apoyo de ustedes que poseen los conocimientos y las destrezas de la tecnología moderna y sobre todo que tienen la juventud y el entusiasmo para efectuar este importante cambio de paradigma.

V.

Para concluir, les exhorto a que ejerzan la abogacía con pasión. Cuando uno ama su profesión, no habrá mejor remuneración que la satisfacción que produce un trabajo de excelencia. Ese amor por su profesión se reflejará en cada escrito, en cada palabra, en cada actuación que ejerzan como abogados. Cuando eso suceda, se habrán ganado el respecto de sus padres, de sus clientes, de sus familiares, y de todo un pueblo.                  

Ahora, les toca a ustedes iniciar su camino en la profesión legal. Que cada sacrificio, experiencia, proyecto, victoria y derrota en el ejercicio de la abogacía los haga mejores profesionales.


Es por eso que quisiera dejarlos con unas palabras de la Jueza Asociada del Tribunal Supremo Federal, la Honorable Sonia Sotomayor. En su libro “Mi mundo adorado”, ésta reflexiona y cito: 


“Mirando ahora hacía atrás, me parece que ha pasado toda una vida desde que llegué a un lugar de pertenencia y propósito, la sensación de haber escuchado un llamado y respondido. Cuando coloqué la mano sobre la Biblia para tomar el juramento que me convertiría en jueza de la Corte de Distrito, la ceremonia marcó la culminación de un trayecto de crecimiento y entendimiento, pero también el comienzo de otro. El segundo trayecto, realizado siendo jueza, continúa, no obstante, con los mismos pasos pequeños pero firmes con los que recorrí el primero, porque sé que esa es todavía la mejor manera de seguir progresando.” Fin de la cita.

Concluyo felicitándolos por la culminación de sus estudios de Derecho y su incorporación a una profesión de la cual todos nos sentimos orgullosos. A ustedes les corresponde honrarla y respetarla de tal forma que algún día su hijo o hija quiera repetir sus pasos orgulloso por lo que ustedes han hecho y por el camino recorrido en bien de la justicia en Puerto Rico o donde quiera que estén ejerciendo la abogacía. 

Muchas gracias.

Gala de Graduación 2014 

 

MENSAJE DE BIENVENIDA A LA GALA DE GRADUACIÓN 2014

Club Náutico de San Juan
13 de junio de 2014


Lcdo. Hiram M. Angueira
Director de la Oficina de Exalumn@s y Comunicaciones


Muy buenas noches a todos y a todas.  Como Director de la Oficina de Exalumnos y Exalumnas me llena de placer darles la bienvenida a la Gala de Graduación 2014.  

 

Por los pasados tres o cuatro años ustedes han estado bajo la jurisdicción de las normas académicas de la Escuela, del recinto y de la ABA. El martes, luego de los actos protocolares de graduación, pasan oficialmente a la mía. Sus evaluaciones en esta nueva etapa, les aseguro, no incluyen exámenes una vez al semestre, largas noches de estudio, mamotretos, resúmenes kilométricos y otros actos de vida o muerte. La expectativa que la Oficina de Exalumnos tiene para con cada uno de ustedes se puede resumir en dos puntos:


Primero, que formen parte activa de la Comunidad de Exalumnos y Exalumnas de la Escuela de Derecho. Al día de hoy, deben haber más de 6,500 miembros en esta gran familia. Siendo nuestra Escuela la cuna de los mejores juristas que se gradúan en Puerto Rico, todos debemos apoyarnos unos a los otros para salir adelante individual, colectiva y nacionalmente, particularmente en este periodo histórico. Es ahora que se está forjando una nueva sociedad puertorriqueña. Seamos líderes de ese cambio. Nuestra profesión es una que depende en gran medida de las relaciones humanas y de la colaboración, y desde ahora deben ir estrechando los lazos con aquellos que se han graduado en el pasado. Así, su impacto en la sociedad y en el mundo laboral debe ser uno más rápido y eficaz. La Escuela quiere servir de socio gestor para esta dinámica.

 

Por eso, aprovecho esta oportunidad para lanzar un reto. Hace falta una organización formalmente estructurada de Exalumnos y Exalumnas. Hasta el presente han habido varios intentos de formalizar una entidad que les agrupe pero no se ha cuajado aún. Hace falta. Es fundamental. La Escuela ha tomado importantes pasos en modernizar su forma de relacionarse con los exalumnos y exalumnas. Estamos dedicando muchos más recursos a poner al día nuestra base de contactos y estrechar los lazos de comunicación. Hemos aumentado los ofrecimientos de la Oficina de Desarollo profesional disponibles para los exalumnos y exalumnas. Pero no es suficiente. Necesitamos una organización paralela que trabaje de la mano con nosotros para entonces maximizar el flujo de información y oportunidades entre la Escuela, el mundo jurídico y ustedes. Esta noche invito a cada uno de ustedes a decir presente.

 

Mi segunda expectativa es que vivan y laboren siempre pensando en lo que caracteriza a nuestra Escuela: ser agente de cambio social. Nuestra sociedad es una que tiene muchas necesidades. Lo vemos día a día. Y cambiarla no requiere que todos seamos revolucionarios o que todos nos entreguemos al litigio ProBono, cada uno puede mejorar la sociedad en que vivimos siendo conscientes de que a nivel de nuestras familias, comunidades, y a nivel nacional, cada decisión que tomamos puede tener un impacto que beneficia al colectivo. Es cuestión de mantener en perspectiva que a la hora de decidir, debemos pensar de qué manera nuestras decisiones pueden mejorar o empeorar la situación del país, de nuestra comunidad extendida y de nuestra familia. Puerto Rico lleva muchas décadas con líderes que sólo miraron el beneficio individual y a corto plazo. Necesitamos un cambio de perspectiva. El cambio no ocurrirá del día a la mañana, pero juntos podemos lograr que sea inevitable. 

 

Esta noche, sin embargo, es una noche de pura celebración. Han concluido sus estudios en Derecho. Todos sabemos el logro que eso representa. En la Escuela estamos orgullosos de ustedes. Son la clase con el mayor número de premios en la historia.  Ya han probado que son capaces. Así que les pido que gocen de esta gran fiesta en honor a ustedes. 

 

Les pido a todos los presentes que le extiendan un aplauso a la clase graduanda 2014.

 

Y ahora, me place invitar al podio a su excelente presidenta, Linnette Vega, quien desea continuar esta bienvenida a ustedes.  Muchas gracias y, nuevamente, bienvenidos.

Presentación de Segundo Estudio sobre la Trata Humana

 de la Fundación Ricky Martin 


PRESENTACIÓN DEL SEGUNDO ESTUDIO SOBRE LA TRATA HUMANA EN PUERTO RICO
DE LA FUNDACIÓN RICKY MARTIN 

15 de mayo de 2014, Aula Magna

LA TRATA HUMANA, UNA REALIDAD PRESENTE EN PUERTO RICO


El estudio fue hecho por la Fundación Ricky Martin y la Escuela de Derecho de la UPR 

Expertos en la trata de seres humanos denunciaron hoy que este delito supone un problema serio en Puerto Rico, donde se "negocia" ilegalmente con seres humanos para generar parte de la poderosa economía sumergida que supone el tráfico de drogas y la explotación sexual.

"El 70% de nuestra economía se genera de forma ilegal", afirmó la decana de la Facultad de Derecho de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras, Vivian Neptune Rivera, en una conferencia de prensa organizada para presentar el informe "La trata de personas: una forma moderna de esclavitud en Puerto Rico".
 

Ese estudio ha sido elaborado por la Fundación Ricky Martin y la escuela que encabeza Neptune, que a partir del próximo agosto ofrecerá su primer curso dedicado a la trata humana en Puerto Rico, dirigido por el sociólogo César Rey.

La trata de personas, considerado el segundo delito más lucrativo del mundo, consiste en el comercio ilegal de personas con fines que pueden variar desde la explotación sexual y la esclavitud reproductiva, hasta los trabajos forzados o la extracción de órganos. El estudio presentado este jueves es la segunda parte de un informe previo presentado hace cuatro años, en colaboración con Rey, la Universidad de Puerto Rico y el centro Johns Hopkins de Baltimore (EE.UU.).

"Hace cuatro años pensábamos que íbamos a terminar con esto, pero no fue así", lamentó hoy Rey, quien expuso casos concretos de trata humana en la Isla, como el desvelado con la detención esta semana del sacerdote puertorriqueño Israel Berríos por varios cargos, entre ellos, tráfico sexual de menores.

Rey dijo que las modalidades más comunes de trata de seres humanos en Puerto Rico son la explotación laboral, la violencia armada, la mendicidad, la explotación con fines reproductivos y el trabajo doméstico abusivo. Relató como ejemplo de violencia armada el caso de una joven, a quien en el estudio se refieren como Glenda, que formaba parte de una ganga de menores de edad organizada por adultos. A ella se le encargó que quemara a cuatro adolescentes que le debían dinero a unos vendedores de drogas. 
Sobre la mendicidad, Rey contó del caso de una muchacha que mendigaba en un semáforo de la zona metropolitana de San Juan mostrando una foto de un supuesto enfermo. Un porcentaje de lo que recogía tenía que entregárselo al responsable de un punto de droga (lugares de la calle donde se acude a comprar estupefacientes de forma ilegal). 

Esta segunda investigación incluyó entrevistas a líderes de diferentes organizaciones que trabajan con jóvenes víctimas de la trata. Se entrevistó también a 40 jóvenes puertorriqueños de entre 15 y 32 años de edad de ambos sexos que contaron sus experiencias como víctimas. 

Martin, quien no estuvo presente en la presentación, ofreció un mensaje grabado en el que dijo que esta segunda fase "valida el mensaje que hace años" se ha estado llevando a cabo en su tierra natal."Esta segunda fase de nuestro estudio será otra herramienta más para fortalecer la lucha contra esta aberrante práctica y contra aquellos que se lucran con el sufrimiento humano", subrayó. 

La primera parte de esta investigación promovió la aprobación de legislación local para tipificar como crimen la trata en Puerto Rico, así como la construcción de un centro en la localidad de Loíza para atender a menores en riesgo.

Según aquel informe, en Puerto Rico había entonces unos 1,600 puntos de ventas de drogas más que las 1,450 escuelas de toda la Isla, cuyas ganancias alcanzaban los $4,000 millones, que equivalían al presupuesto del Departamento de Educación de la Isla.

Link: http://www.indicepr.com/noticias/2014/05/15/news/20290/la-trata-humana-una-realidad-presente-en-puerto-rico--/

Conversatorio sobre Acceso a la Justicia con el
Hon. Jonathan Lippman, Juez Presidente del Tribunal
de Apelaciones del Estado de Nueva York  

ACCESO A LA JUSTICIA Y RETOS CONTEMPORÁNEOS:
CONVERSATORIO CON EL HONORABLE  JONATHAN LIPPMAN

 

10 de junio de 2014
Salón de la Facultad

 

La intensidad y candidez con la que el Juez Presidente del Tribunal de Apelaciones de New York, el Honorable Jonathan Lippman, aborda el problema del acceso a la justicia transmite su urgencia. No es para menos. Es alarmante el número de personas que no pueden sufragar el costo de representación legal para atender asuntos de gravedad—en procedimientos criminales y en aquellos de naturaleza civil, como violencia doméstica, ejecuciones, discrimen, terminación de beneficios, custodia, entre otros. No sorprende, entonces, que el título del curso que impartió el Juez en nuestra Escuela caracterizara el asunto como uno crítico.  The Crisis in Access to Justice, fue ofrecido este verano del 7 al 11 de junio de 2014.

 

Johnathan Lippman es uno de los más reconocidos líderes en el campo, no sólo por lo que profesa sino por lo que su ejecutoria enseña. Al mando de la administración judicial del estado de Nueva York, Lippman desarrolló iniciativas de impacto como el requisito de 50 horas de trabajo pro bono para tomar la reválida de ese estado. También ha presentado propuestas concretas para que las Escuelas de Derecho tengan mayor participación en el manejo del tema del acceso a la justicia y para el financiamiento estable de los programas de asistencia legal. Así, por ejemplo, recién se inaugura un proyecto para que aquellos estudiantes de Derecho que dediquen tiempo sustancial a trabajo pro bono puedan tomar la reválida estatal más temprano, inaugurándose en la práctica de la profesión inmediatamente al obtener el Juris Doctor. 


Aprovechando su visita, el jueves 10 de julio la Escuela fue sede de una conversación con el Juez sobre estas iniciativas. Además de contar con participación de nuestra Facultad, estuvieron presentes la Jueza Presidenta del Tribunal Supremo de Puerto Rico, Hon. Liana Fiol Matta; el Lcdo. Federico Rentas, Director de la Sociedad para la Asistencia Legal; el Lcdo. Charles Hey Maestre, Director Ejecutivo de Servicios Legales de Puerto Rico; representantes de Pro-Bono, Inc, y miembros de la Comisión Asesora de Acceso a la Justicia del Tribunal Supremo de Puerto Rico. 

 

Los obstáculos para atajar la brecha de acceso a la justicia son muchos, pero no insuperables. Durante el conversatorio, el Juez Lippman demostró que con voluntad, astucia administrativa y, sobre todo, liderato, es posible identificar puntos de coincidencia entre grupos profesionales, académicos, las ramas políticas y la judicatura para adelantar una agenda de justicia.

Simulación de Juicio con el  Hon. Luis Estrella Martínez
Proyecto Acceso al Éxito de la UPR

SIMULACIÓN DE JUICIO CON EL HON. LUIS ESTRELLA
PROYECTO ACCESO AL ÉXITO
UPRRP

4 de junio de 2014, L-1
 

Entre el 2 y el 20 de junio de 2014, el Recinto de Río Piedras de la UPR llevó a cabo un programa de verano denominado Ácceso al Éxito para estudiantes de escuelas públicas. Como parte del mismo, la Escuela de Derecho realizó una simulación de juicio penal. El Honorable Luis Estrella, Juez Asociado del Tribunal Supremo de Puerto Rico, además de orientar a los estudiantes sobre el sistema judicial de Puerto Rico, presidió sobre el juicio. Los estudiantes de Derecho Zoán Dávila, Iván Santos y Cristian González fungieron de fiscal, abogado de defensa y testigo, respectivamente.

Los estudiantes tuvieron la oportunidad de ver el desarrollo del juicio y luego hacerle preguntas al Juez. Los estudiantes hicieron preguntas que reflejaban un genuino interés en la justicia y en su administración.

Para la organización del evento colaboraron: la Sra. Tamara Miranda, Coordinadora del Proyecto, la licenciada Azlyn García Negrón, Directora de Admisiones de la Escuela de Derecho, el licenciado Hiram M. Angueira, Director de la Oficina de Exalumnos y Comunicaciones de la Escuela de Derecho y
Oscar Miranda Miller, profesor de Derecho Penal.

 

Segundo Año Consecutivo del Programa de Intercambio con la 
Thurgood Marshall School of Law

SEGUNDO AÑO CONSECUTIVO DEL PROGRAMA DE INTERCAMBIO CON LA
THURGOOD MARSHALL SCHOOL OF LAW


Por segundo año consecutivo, la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico y la Escuela de Derecho Thurgood Marshall de la Texas Southern University llevaron a cabo su programa de intercambio bajo el liderato de los profesores de Derecho Fernando Colón Navarro y William Fong de Texas y la profesora adjunta de Derecho UPR Julie Cruz. El programa, de dos semanas de duración, contó con cuarenta estudiantes de nuestra Escuela y cuarenta y tres estudiantes de la Thurgood Marshall que viajaron a Puerto Rico para tomar tres cursos intensivos de dos créditos cada uno en inmigración.


EL intercambio, además de implicar trabajo intenso para los participantes, también resultó en muchas oportunidades para que los estudiantes de la Thurgood Marshall conocieran a Puerto Rico de la mano de sus anfitriones. Luego de visitar la laguna fosforecente de Fajardo, el bosque del Yunque y las playas de Culebra, los estudiantes de la Thurgood Marshall regresaron a Texas satisfechos de haber expandido su perspectiva sobre el tema de la inmigración y obtenido una nueva perspectiva sobre la Isla y sus futuros colegas. Para nuestros estudiantes, la experiencia les ayudó a entender el sistema de inmigración de EEUU y a expandir su red de contactos fuera de la jurisdicción.
 

 

Derecho UPR Escogido como Sede de los Talleres del
National Institute for Trial Advocacy (NITA)

DERECHO UPR ESCOGIDO COMO SEDE DE LOS TALLERES DEL
NATIONAL INSTITUTE FOR TRIAL ADVOCACY (NITA)

 

El Fideicomiso para la Escuela de Derecho y el National Institute for Trial Advocacy (NITA) llegaron a un acuerdo de colaboración el pasado año para impartir por primera vez en Puerto Rico los talleres de litigación que ofrece NITA.  Los talleres se ofrecieron del 16 al 20 de junio de este año en la Escuela de Derecho. Los participantes de este programa tuvieron la oportunidad de aprender mientras realizaban simulaciones grabadas de todas las etapas de un juicio. A través de este Programa, NITA procura que los participantes se conviertan en litigantes confiados y adeptos en el manejo de todas las etapas de un caso. 

 

El National Institute for Trial Advocacy es una institución sin fines de lucro que en los últimos cuarenta años ha adquirido prestigio en la comunidad legal gracias a su metodología de enseñanza de destrezas de litigio. Además de participar de los talleres, los participantes tienen la oportunidad de cumplir con créditos de educación jurídica continua.

 

El total de participantes de estos talleres fueron 23 personas y los recursos que impartieron los mismos fueron los siguientes: María A. Domínguez, Lourdes C. Hernández-Venegas,  David C. Indiano,  Andres W. Lopez, Jorge I. Peirats,  Manuel A. Pietrantoni,  Daniel Toomey, Dominic J. Gianna, Víctor Amador, Lisa A. Marcy, Carlos Rodríguez Vidal, Ernesto Marrero, María Schneider, Alberto Estrella, Raúl Arias, Ben Riddles, J. Pasichow, J. Butchko, David Indiano, Manuel Quilichini, Andrés W. López y José Benítez.

 

Los talleres se continuarán impartiendo en nuestra Escuela en ocasiones futuras como parte del acuerdo de colaboración con NITA. Los interesados pueden comunicarse con el Fideicomiso a pejc@law.upr.edu para más información.

 

Gran Cierre del Programa ProBono


GRAN CIERRE DEL PROGRAMA PROBONO 

2 de mayo de 2014, L-1

 

El 2 de mayo de 2014 se llevó a cabo en el salón L-1 el Cierre del Programa Pro Bono 2013-2014.  En la actividad se presentó la Revista Pro Bono Justa Causa, en la cual se publicaron artículos redactados por los pro bonistas sobre sus experiencias en pro bono y temas de Derecho de importancia para sus programas. También se presentaron a las ganadoras del Certamen de Ensayos sobre Derechos Humanos de Enlace con Escuelas Públicas, Primer Lugar: Yanitza A. Cruz Crespo, Segundo Lugar: Mariangely Fernández Nazario.  Esta competencia de Ensayo fue diseñada por nuestra Directora de Admisiones, Lcda. Azlyn García, por lo que nuestro agradecimiento y reconocimiento para ella y el panel de jueces compuesto por el profesor William Vázquez Irizarry, la profesora Adi Martínez y la licenciada García. A su vez, durante el cierre se llevó a cabo un conversatorio con estudiantes pro bonistas y miembros del a comunidad servida como lo fueron estudiantes del Politécnico Amigó cuyos estudiantes recibieron talleres sobre leyes del trabajo y derecho al empleo por parte del Pro Bono Laboral. También nos acompañaron al cierre estudiantes de Enlace con Escuelas Públicas y participantes de Hogares Crea Juveniles que reciben servicios del Pro Bono Rescate.


Felicitamos a la Decana Auxiliar de Asuntos Estudiantiles, Adi Martínez, quien como Coordinadora del Programa Pro Bono ha realizado una gran labor ampliando las oportunidades de servicio y estableciendo alianzas de colaboración. De igual manera agradecemos y reconocemos a todos los mentores y mentoras de pro bono que en sus cargadas agendas hacen espacio para apoyar y guiar a nuestros estudiantes.  Finalmente, reconocemos y valoramos el compromiso de todos los pro bonistas quienes durante todo el año laboraron de manera intensa en la elaboración de actividades de servicio, educativas y de contacto con la comunidad. Aspiramos a ampliar nuestros ofrecimientos pro bono para el próximo año y a sumar más estudiantes comprometidos con la posibilidad del cambio mediante el servicio a la comunidad.

Exitosa Participación de Derecho UPR en la
Philip C. Jessup International Law Moot Court Competition


EXITOSA PARTICIPACIÓN DE LA ESCUELA DE DERECHO EN LA FASE ORAL DE LA
PHILIP C. JESSUP INTERNATIONAL LAW MOOT COURT COMPETITION


Washington D.C.
6 al 12 de abril de 2014

 

Con gran satisfacción comunicamos los resultados de la participación del equipo de la Escuela de Derecho de la UPR en la fase oral de la competencia internacional Philip C. Jessup International Law Moot Court Competition, organizada por la International Law Student Association (ILSA, por sus siglas en inglés) del 6 al 12 de abril de 2014 en Washington D.C. Para la competencia se inscribieron 623 equipos de 89 países. Los escritos de la competencia se habían presentado desde el 15 de enero de 2014, fecha establecida como parte de la competencia.  La Competencia Internacional en Washington D.C. es el evento cumbre de Jessup en el cual compiten los mejores equipos de las diferentes jurisdicciones,  pues se lleva a cabo después de 65 rondas preliminares en diferentes países donde se escogen los equipos que obtienen mejores puntuaciones. Este año participaron unos 112 equipos de diferentes facultades de Derecho de 82 países, sin contar con los equipos que participaron en calidad de observadores. Cada equipo tenía de dos a cinco integrantes. De los equipos participantes, 65 ya habían participado en rondas preliminares en sus respectivos países, por lo que contaban con experiencia previa, lo cual constituyó un reto adicional para nuestro equipo. 


Los equipos contra los cuales se enfrentó el equipo de la UPR fueron: International University de Bielorrusia, Wuhan University de China, Oxford University de Reino Unido y Shahid Beheshti University de Irán. De las cuatro rondas orales, el equipo de la UPR ganó tres. Contando con la puntuación de los escritos, que valen un tercio de la puntuación total, el equipo ganó la mitad de las rondas. Lo anterior refleja el gran esfuerzo que el equipo hizo para profundizar sus argumentos legales durante la preparación para la fase oral, que les mereció el 61er lugar de los 112 equipos participantes.

Ciertamente debemos reconocer el esfuerzo de los integrantes del equipo, pues sus logros reflejan la contribución de todos, a saber: Sadot Santana Miranda, Mayra Cristina Artiles Fonseca, Sofiana Bird Loustaunau y Adry Sotolongo. En adición, es meritorio destacar el rol de dos de sus integrantes, que además de los logros del equipo, también obtuvieron unas calificaciones individuales como oradoras que las distinguen entre los cientos de oradores que participaron en la Competencia Internacional. Nos referimos a que Adry Sotolongo obtuvo el 17mo lugar entre los mejores 100 oradores. Mayra Cristina Artiles, por su lado, obtuvo el 54to lugar. Con esa distinción, ambas se sitúan entre las participantes más destacadas de toda la competencia. Enhorabuena a nuestro equipo Jessup de la UPR. Esperamos que sus importantes logros animen a los estudiantes a seguir participando en Jessup en los próximos años.

Finalmente, el equipo de Jessup de la UPR quiere agradecer el apoyo de la administración de la Escuela, así como la ayuda del Capítulo de ILSA de la Escuela, que con sus esfuerzos de recaudación de fondos aportó en gran medida para viabilizar su participación en la Competencia Internacional.

 

Destacada Participación de Derecho UPR en el IV
Concurso Interamericano de Derecho al 
Desarrollo Sustentable


DESTACADA PARTICIPACIÓN DE DERECHO UPR EN EL IV CONCURSO INTERAMERICANO
DE DERECHO AL DESARROLLO SUSTENTALE


Rio de Janeiro, Brasil
17 al 21 de marzo de 2014

 

Nuestra Escuela de Derecho participó en el IV Concurso Interamericano de Derecho al Desarrollo Sustentable, celebrado en la Fundación Getulio Vargas en Rio de Janeiro, Brasil del 17 al 21 de marzo de 2014.  El Prof. José L. Nieto,  entrenó y acompañó a los estudiantes Rosimar Fraticelli, Emmanuel Montilla y Carlos Sepúlveda. A su vez, el Prof. Oscar Miranda colaboró de manera activa en el entrenamiento del equipo. El concurso fue una simulación de cómo se presentaría y argumentaría un caso ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos. El ejercicio simulado versaba sobre desarrollo sostenible y alegadas violaciones de derechos humanos bajo el sistema interamericano de derechos humanos y la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Nos comparten los estudiantes que el apoyo, así como los consejos y dirección del profesor Nieto,  llevó al equipo de la UPR-Derecho de una posición antepenúltima en la competencia del 2013, a la posición número 9 de entre 24 equipos de América Latina, Estados Unidos y España, en 2014. Esto se logró gracias al esfuerzo y a la preparación sustantiva que realizaron cada uno de los integrantes del equipo y a las técnicas de oratoria, argumentación, y de cómo afrontar las preguntas de los jueces que fueron enseñadas en mayor escala por el profesor Nieto, con el apoyo también recibido por el profesor Miranda. La participación de nuestra Escuela nos colocó entre las mejores en este tipo de evento. Felicitaciones a nuestros estudiantes y miembros de la facultad por su dedicación y compromiso en este tipo de evento enmarcado en nuestros objetivos de internacionalización de la experiencia educativa.

Primer Lugar para Derecho UPR en la Cuarta Edición de la Competencia de Litigio Enrique Miranda Merced y
Segundo Lugar en la Competencia Nacional de Litigio 


PRIMER LUGAR PARA DERECHO UPR EN LA CUARTA EDICIÓN
DE LA COMPETENCIA DE LITIGIO ENRIQUE MIRANDA MERCED Y

SEGUNDO LUGAR EN LA COMPETENCIA NACIONAL DE LITIGIO

12 de abril de 2014, L-2
26 de abril de 2014, Escuela de Derecho de la Inter

 

En la cuarta edición de nuestra Competencia de Litigio Enrique Miranda Merced llevada a cabo en el L2 el 12 de abril de 2014, el equipo de nuestra Escuela de Derecho obtuvo el primer lugar. El equipo de la Escuela de Derecho, Pontificia Universidad Católica de Ponce llegó en segundo lugar y el de la Escuela de Derecho de la Universidad Interamericana obtuvo el tercer lugar. La actividad fue muy exitosa y concurrida. 

En la competencia Nacional de Litigio llevada a cabo en la Universidad Interamericana el 26 de abril de 2014, nuestro equipo obtuvo el segundo lugar aunque cabe destacar que la puntuación fue extremadamente cerrada.

Los estudiantes que representaron a la Escuela en estas competencias fueron: Iván Santos, Yashira Hernández, Alana Pagán, Phillipe Beuchamp, Paola Fuertes, Zoán Dávila, Cristian Hernández y Arnaldo Robles.

Felicitamos a la Asociación de Litigio por haber estado preparando a estos equipos durante todo el año, y a su mentor el Profesor Oscar Miranda Miller. El compromiso y dedicación del profesor Miranda Miller han hecho la diferencia para que nuestros estudiantes profundicen en sus destrezas de litigio y se despierte en ellos el interés por la litigación y el estudio del derecho sustantivo, procesal y probatorio. La labor de excelencia realizada por cada miembro del equipo ha sido destacada por los jueces y juezas, participantes y espectadores que asistieron a las competencias. Nos llena de orgullo y satisfacción que hayan optado por dedicar su tiempo y esfuerzo al desarrollo de las destrezas que harán la diferencia en su desempeño profesional.

Próximos Eventos: VII Torneo de Golf de la Escuela de Derecho

SÉ PARTE DEL VII TORNEO DE GOLF DE LA ESCUELA DE DERECHO

Palmas del Mar Golf Club
3 de octubre de 2014

 
El viernes 3 de octubre de 2014, la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico celebrará su VII Torneo de Golf. El Torneo se jugará en el campo de golf de Palmas del Mar. Te invitamos a ser parte de este gran evento que se celebra con el fin de recaudar fondos para mejorar la infraestructura de la Escuela de Derecho 

A través de los pasados seis años, el Torneo se ha convertido en uno de los eventos deportivos más esperados por el mundo jurídico de Puerto Rico. Ven, compite y comparte con algunos de los juristas de mayor influencia en la jurisdicción, mientras ayudas a tu Álma Mater.

 

Porfolio del Centenario:
Arte para Coleccionar y Ayudar a la Escuela de Derecho
90 número disponibles - más información 787.999.9609


PRESENTACIÓN DEL PORFOLIO AMICVUS

 

Dra. Margarita Fernández Zavala

23 de abril de 2013

 

La Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico tiene una larga trayectoria con el buen arte.  La estética misma de su sede y las obras de arte que en ella ubican muestran al arte como patrón de sus desempeños.

 

Al cumplirse los primeros cien años de labores, la Escuela de Derecho detona una serie de eventos muy variados pero también promueve, apostando a la posteridad, este hermoso portafolios con las reflexiones gráficas de los artistas Antonio Martorell, Nelson Sambolín, Consuelo Gotay, Carmelo Sobrino y Elsa María Meléndez.  Estos artistas amigos entre sí, amigos del grabado, de la tradición, de la idea de contribuir, han nombrado este junte AMICVS.  Del latín amicus curiae, literalmente el amigo de la corte es quien, sin formar parte de un pleito, ofrece información pertinente al asunto en cuestión.  


Se trata de cinco estampas serigráficas que hablan de la seducción de la palabra, del paisaje, del mar, del oficio, de la elocuencia y de la búsqueda de la justicia.

 

El maestro Antonio Martorell se inserta una vez más dentro de la más significativa tradición del grabado puertorriqueño y latinoamericano con un hermoso pliego caligráfico/letrado que porta la conocida frase que don Benito Juárez enunciara en el discurso celebratorio del triunfo de la república el 15 de julio de 1867:  Que el pueblo y el gobierno respeten los derechos de todos.  Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz.   

 

Las letras mayúscula, negras, cortadas en bloque, crean un juego compacto de negativos y positivos y sobre éstas la palabra paz danza, etérea, al través de la imagen caligrafiada con el espectro del color de la luz. Su imagen resume el fin último de la justicia, la paz. Martorell acude a esta convocatoria con el compromiso ideológico que lo caracteriza y denuncia la circunstancia actual tan crítica de nuestro país pero con la esperanza en la mano.

 

Atenea historiada es una doble referencia a la historia de occidente y a la historia del arte.  El maestro Sambolín se inspira en los capiteles historiados del arte románico medieval en donde se incluían figuras para darle a conocer las grandes verdades a un pueblo que había perdido la lectura y la escritura del antaño clásico. En el suyo, al centro de la composición, Sambolín coloca a la diosa Atenea, la más consumada de los dioses del panteón griego y romano, diosa de la sabiduría, de la guerra justa, de la justicia y las estrategias, de las artes y las habilidades. Husmeando las referencias de este tema nos encontramos también de frente con la idea del ateneo, ese lugar que convoca al conocimiento científico, literario y artístico y en donde se ofrecen conferencias y cursos. 

 

En contraste con los grises fríos de la zona central en donde se encuentra el capitel historiado ateneístco, Sambolín le asigna colores calientes a la vegetación voluptuosa que enmarca a la diosa.  Sobrio y apasionado, calculador y fogoso, racional y sensual, así también es el Derecho.

El caso es que esta Atenea, ahora tropicalizada, con libro en mano se pasea absorta, eleta, historiada por un jardín sensual.  Sambolín apuesta a que ésta deambula por las aulas de la Escuela de Derecho en donde diariamente es convocada.

 

Entre el cielo, la tierra y el mar surge la ninfa victoriosa de la obra El cuerpo del arcoíris  de la maestra Consuelo Gotay. Los arabescos en la figura proclaman su relación simbiótica con el entorno.  Los trazos imbricados, cual encaje, tan  característicos del  estilo de la artista, abonan al carácter etéreo de ese ser que se desliza en diagonal y cruza la imagen.  Todo el vocabulario plástico de esta estampa se complementa entre sí.  Palma, hojas Monsteras, guajanas, peces, moluscos, olas con ínfulas de montañas se entrelazan cual encaje de mundillo.  Las veladuras de la imagen sugieren una irradiación, una cierta fluorescencia:  el cuerpo del arcoíris, como urge el título a interpretar. Gotay crea un mundo armonioso, sensual, del cual emerge esta mujer guardiana de todo cuanto debe preservarse.

 

El maestro Carmelo Sobrino presenta una sopa de letras sui generis que, en clara alusión al término de referencia común a los abogados, titula Letrado.   En similares tormentas de ideas los abogados construyen sus argumentos, dirimen sus procesos judiciales, litigan, adjudican y transigen sus casos.  Esta estampa es un seductor acertijo letrado.

 

El suyo es un estilo que se caracteriza por las acumulaciones.  En este caso, el artista crea una imagen mediante un gran acopio de letras de tamaños variados que bailan y se descomponen como negándose a ofrecer un discurso lineal.  Es un códice por descifrar. Podría  también ser una referencia al chachareo callejero, al baile, a la sandunguería y a la exuberancia caribeña de nuestro pueblo. 

 

Sobrino, como Martorell, parte de la insigne tradición de la letra en el cartel puertorriqueño y ambos le hacen su propio homenaje. 

 

La más joven del grupo, pero con una sólida trayectoria como grabadora, es Elsa María Meléndez.  Al Incluirla en este proyecto gráfico, los artistas mayores, de facto, le hacen un pase de batón con el mismo gesto inclusivo que le habrán hecho a ellos anteriormente otros maestros. 

 

Meléndez  se presenta con La hebra del Derecho, una estampa alegórica sobre el Derecho como un sistema de sentidos.  Elocuente nos dice: “Trabajo con las analogías entre los árboles y el Derecho, y entre el hilo y la capacidad de construir.”    Se trata de tres árboles con enormes sistemas de raíces, comparables en tamaño a sus copas.  

 

Los árboles, como el Derecho, cuentan con enormes enraizamientos.  Sus fundamentos que han tomado largos años en crecer los sostienen y los equipan para ofrecerles sus frutos, oxígeno-sombra y protección-esperanza a quien les pide cobijo. Meléndez también compara la relación orgánica entre todos los elementos de la Naturaleza con los servicios sociales integrados los ofrecimientos de la Escuela. 

 

La artista integra hilos y costuras a la imagen resuelta linealmente a fin de enfatizar con esta labor los muchos hilvanes del trabajo humano en la disciplina legal. “El hilo”, dice, “unifica, remienda, sana, arregla, compone, transforma”.  

 

La pieza de Meléndez es lúdica; tiene derecho y revés.  El coleccionista puede ejercer su capacidad de escoger cómo mostrarlo.

 

AMICVS mantiene vigente la rica tradición del portafolios gráfico que comenzó en 1950 con La estampa puertorriqueña del Centro de Arte Puertorriqueño.  Al celebrar su primer centenario, la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico deja tal bello proyecto de legado de los artistas coetáneos a las generaciones futuras en tanto que da cuentas de la rica tradición de impulso a las artes que ha caracterizado a los letrados durante toda su historia. 

El porfolio tiene un costo de $1500 pagaderos al Fideicomiso para la Escuela de Derecho. Para más información, favor llamar al 787.999.9608 ó al 787.209.7182.

Memorabilia del Centenario:
Cien Años de la Escuela de Derecho y
Cartel Oficial
Puedes conseguir tu copia del Cartel Oficial ($25) o del libro Cien Años de la Escuela de Derecho ($75) a través de la Oficina de Exalumnos y Comunicaciones. Puedes contactarnos al 787.999.9609 o a exalumnos@law.upr.edu.
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Derecho Penal
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Talleres Prácticos de Quiebra II: “Contested Matters”
Lcda. Sara de Jesús
Sábado, 23 de agosto de 2014
8:00 a.m. - 3:15p.m.
Costo: $180.00
6 Horas Crédito EJC 
 
El Impacto de las Redes Sociales en el Mundo Laboral: Contratación, Disciplina y Despido
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Viernes, 29 de agosto de 2014
1:00p.m.-4:15p.m.
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3 Horas Crédito EJC 
 
Talleres Prácticos de Quiebra III: Procedimiento Híbrido
Lcda. Sara de Jesús
Sábado, 30 de agosto de 2014
9:00 a.m. - 1:15p.m.
Costo: $110.00
4 Horas Crédito EJC 

Repaso Intensivo por Materia para la Reválida Estatal

El Fideicomiso para la Escuela de Derecho está ofreciendo un repaso intensivo de las materias que serán objeto de la Reválida Estatal y de Notaría. El mismo comenzó el sábado, 31 de mayo y continuará hasta el sábado, 30 de agosto de 2014. Cada sábado se ofrece el repaso de una materia. Las personas que interesen tomar las materias de forma individual podrán hacerlo.
MATERIAS

MATRICÚLATE AQUÍ

REALES
Prof. José L. Nieto Mingo
26 de julio de 2014


HIPOTECARIO
Profa. Ana C. Gómez Pérez
2 de agosto de 2014

PENAL
Prof. Oscar Miranda Miller
9 de agosto de 2014

 

PROCEDIMIENTO CRIMINAL
Prof. Oscar Miranda Miller
16 de agosto de 2014

SUCESIONES
Profa. Ana C. Gómez Pérez
23 de agosto de 2014

NOTARIAL
Profa. Belén Guerrero Calderón
30 de agosto de 2014
 
COSTO POR MATERIA: $120.00
LUGAR:   Escuela de Derecho de la UPR
HORARIO: 9:00 AM – 5:00 PM
 

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